8. Etapa: Rep. Checa – Alemania y Francia

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Después de ir a Suecia, ¿Quién me iba a decir que la última etapa del viaje se iba a convertir en “la etapa de las rubias”?

En fin, llegué a un precioso y pequeño país Europeo, acompañado de la idea de probar buenas rubias de culo frío, con lo que ya bromeaba en el anterior post. Lo que nunca me hubiera imaginado anteriormente era que sería el país de las rubias… en general. Pero no solo República Checa… Un final apoteósico.

Así, pasados los bajos montes polacos del norte de los Tatras, entré en este país de colinas, con castillos y casas torre en sus cimas, pequeños pueblos de coloridas casas y gente simpática en sus calles. Así llegué a Bilovec, un pequeño pueblo no muy lejos de Ostrava, en la que me alojarían dos jóvenes, Katerina y su amiga; ellas me llevaron a ver un castillo en un pueblito cercano, me dieron a probar las “Orejitas”, unos dulces típicos de allí, y me acompañaron al pub local para probar algunas cervezas locales y compartir historias de nuestras vidas y nuestros viajes. Creo que ya lo habré dicho muchas veces, pero no me canso, lo mejor de cada viaje es la gente que conoces en cada rincón del mundo.

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De allí, al día siguiente conduciría hasta Kutna Hora, Heidi cuando estuve en Bodo (Noruega) me había recomendado que no me perdiese este lugar. Allí, en el barrio de Sedlec, hay una pequeña iglesia convertida en Osario: El Osario de Kutna Hora. ¡impresiona verlo!

Cuatro fotos y seguimos que se me está alargando el día y tengo que llegar a Praga, allí me espera la segunda rubia de República Checa: Misha. Me alojaré en su casa un par de noches. Quiere saber cosas sobre España y el Camino de Santiago, donde irá en septiembre. Así que le ayudaré a elegir bien la ruta y pensar que debería llevar. Por el camino ya empiezo a notar que la moto no tiene el tirón que tenía al principio del viaje… no es difícil saber el porqué, no se ha tensado la cadena durante 10000 kms. Habrá que conducir suave hasta encontrar donde tensarla pues no he traído herramienta esta vez.

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Estoy en Praga, por segunda vez en estos últimos 4 años, y la ciudad sigue dejándome tan indiferente como la primera vez. A ver, es muy bonita, muy monumental, pero no me transmite nada, me resulta una ciudad vacía: muy europea, llena de gente, de atractivos recreativos, oferta turística de toda clase, fiesta. Vacía. me doy cuenta que estoy en un punto de mi vida donde no necesito ni quiero grandes aglomeraciones ni grandilocuentes edificios o gente con mucho dinero despilfarrando en un mes de vacaciones lo trabajado durante todo el año. Eso me transmitía Praga por segunda vez, y me hacía sentirme vacío.

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Además, me encontré con algo sorprendente: Mi host, Misha, quería saber qué llevar y trate de explicarle como era aquello y el clima, pero ella ya tenía decidido que era mejor y cuantos kilos: 15kg. ¿Quince kilos para hacer el camino de Santiago desde Roncesvalles hasta Burgos? Bueno, intenté explicarle algunas cosas, sobre todo porque ella iba a dormir en albergues, así que no se me ocurría de qué podía querer llenar la mochila para alcanzar tanto peso, pero bueno, como no hay más sordo que quién no quiere oír, pues lo dejamos así y me marché hacia Alemania.

Dormiría en Mannheim, allí había quedado para reencontrarme con Vanesa, la misma chica rubia que me alojó en Gummerbach (Alemania) al principio del viaje. Tenía ganas de volver a verme y que le contara el viaje. reencontrarse con gente viajera y aventurera siempre es una delicia; y, aunque solo pudimos estar 24 horas, antes de que yo reemprendiera la marcha, fue estupendo volver a verla.

Al día siguiente iba hacia París, decidí en el último momento acortar el viaje y, en vez de ir por el este de Francia y Pirineos, haría Mannheim-París y París-Bilbao. Así que le escribí a mi amiga Maija, estadounidense afincada en Saint-Denis, al norte de París, con la que viaje hace un año por Portugal y sur de España en moto 15 días, y me fui a visitarla y pasar un día con ella allí. Lo malo es que Saint-Denis no debe ser un sitio muy seguro y me recomendaron que dejase lo de tensar la cadena para más adelante. ¿Más adelante? Esto va a dejar de traccionar de un momento a otro… en fin.

Bueno, con esta última Rubia, en Saint- Denis, disfrute de una preciosa tarde de reencuentro y puesta al día sobre nuestras vidas. Como cambian las personas en un año. Genial volver a verle.

Camino hacia el sur puse en el GPS que buscara un taller de camino a casa y acabé metiéndome en Orleans hasta el Norauto. Y, con gran sorpresa me comuniqué perfectamente con los chabales de alli en frances. Igual no lo tengo tan olvidado como yo pensaba. O, al menos, cuando me hace falta me sale. Accedieron a ayudarme en cuanto les expliqué lo que me pasaba y les mostré el estado de la cadena. El chabal le ponía toda la buena intención, pero acabé cogiendo yo la herramienta y haciéndolo yo mientras le explicaba el viaje. No me quisieron cobrar nada, me desearon buen viaje y chispún. Pa´delante.

No era tan tarde, estaba llegando a Bayona a las 18:00 de la tarde, pero bueno, tampoco era cuestión de llegar en el día, así que paré en Tarnos, y me quedé una noche en casa de Alex, un CSer que había alojado yo una o dos veces en Bilbao. Con él, eche unas risas, mientras me surtía de cerveza artesana como si no hubiese mañana. Esas serían las únicas rubias de la parte francesa del País Vasco. ¿O no? Pues resulto ser que tampoco, esta parte final del viaje iba d e rubias, y con rubias acabaría, pero no de culo frío, sino de culo redondo y caliente. El día anterior le había escrito un whatsapp a Nadége, a ver si andaba por allí. A Nadége, la conocí en un evento de couchsurfing en Madrid, hace 6 años y desde entonces no nos habíamos vuelto a ver, así que había ganas. A la mañana siguiente, cuando ella acabó en el hospital, nos fuimos a comer juntos y contarnos las aventurillas vividas en estos años y los proyectos de locos viajes futuros. Ella flipó con que el año que viene fuese a dejar el curro e irme a recorrer el mundo y, yo, disfruté de sus locuras pasadas y venideras. Una solo traveller en toda regla.

Últimos 164 kilómetros hasta casa. Salí de Euskadi por la costa, pero hoy ya no tenía más que ganas de llegar a casa. Las ultimas dos semanas ya estaba pensando en el trabajo y en la muerte de mi abuelo. Así que aunque hasta hoy había seguido en la moto, mi cabeza ya no estaba de viaje. Yo lo que necesito ya es un viaje, no de dos meses sino un viaje… de los que empiezas cuando empiezas y terminas cuando terminas, pero sin que nada ni nadie esté condicionando el inicio o el final de este. El verano que viene voy a empezar ese viaje…

 

 

 

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